martes, 12 de octubre de 2010

Divinas (1)

















Patrizia Escoin es flamígera. Enfundada en una camiseta de rayas rojas horizontales toca una guitarra eléctrica con forro de leopardo. A ella y a su grupo, Lula, los descubrí una mañana a las siete, que es la hora en la que a veces la Dos redifusiona programas de música para madrugadores voluntarios o forzados, para insomnes o para los que regresan de quemar la noche. Y a esa hora tan intempestiva las guitarras arden. Ahora ella y su grupo me acompañan por largas carreteras que recorro para fotografiar los interiores de las casas de gente anónima. En los videos de la televisión del futuro, la que ya no entiende de horarios, se la ve con corte de pelo y ojos a lo Chrissie Hynde recordándonos que todo viene de algún lado y vuelve al mismo sitio cambiándolo todo. Cuando había tirado la toalla con todo lo indie aparecen ellos y hacen que me enganche a su disco como cuando tiempo atrás descubría un grupo tras otro, llegando a la conclusión de que si vuelves a descubrir otro grupo que te engancha es que realmente no ha pasado el tiempo. Los acordes, los riffs, las chupas. Para mí, por lo menos, con ellos vuelve lo básico, lo que me dice que si suena bien, los virtuosismos están de más. La actitud y los tópicos que no siempre suenan creíbles en otros, en ellos suenan consistentes. No habrá botella grande para mí, ni suficiente alcohol en la ciudad.


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