Andar por tu ciudad. Para eso están las ciudades de los demás en vacaciones. O las rutas de senderismo. Leer el periódico. Los periódicos son para hojearlos, no para leerlos. Y menos comprarlos. Se deben hojear de soslayo mientras se toma café en el bar. Un día sorprendí a un amigo con un periódico que había comprado. Leer los clásicos. Sobre todo si nos los hicieron leer en el Instituto. Se deben leer best seller, novedades, libros recomendados o libros de moda.
Y los clásicos, como el Instituto, nunca han estado de moda. Lo estuvieron en su día, pero entonces no eran clásicos, ni los mandaban leer en el Instituto. Además, de eso hace mucho tiempo. Ver una película más de una vez. Y no digamos volver a verla frecuentemente. No es excusa decir que es buena. Las películas no se clasifican en buenas o malas sino en estrenos de la semana y películas antiguas. Hacer deporte sin decírselo a nadie. Saber algo más de física cuántica de lo que dice el Muy Interesante. Ser puntual. Escribir en un blog.

Hoy he vuelto al Manila. He vuelto a todos los días anteriores que volví. A preparar la presentación de un libro con un actor y hablar sobre todas las cosas menos de la presentación del libro. A tomar cervezas y hacer risas con amigas del trabajo o lo que es lo mismo, a tomar cervezas y hacer risas con amigas. A ponerme ciego de pacharán ignorando algunas recomendaciones. A tomar café con una persona que conocí en una cafetería en Granada hace diecisiete años y que ahora vive cerca. A firmar un libro con café por medio. A celebrar el día ese de los enamorados. A poner mi programa de radio, en diferido, los lunes por a tarde, a las ocho. A darle un librito firmado a la jefa. A tomar un café solitario y triste, cualquier día temprano. A tomar un café en compañía un sábado antes de la compra. A ver lo que dice de mí el periódico. Es posible que mañana vuelva a algún día más, quién sabe, si vuelvo pues, a las personas que estuvieron allí, ya nos vemos.



