
miércoles, 8 de febrero de 2012
martes, 12 de octubre de 2010
Divinas (1)

Patrizia Escoin es flamígera. Enfundada en una camiseta de rayas rojas horizontales toca una guitarra eléctrica con forro de leopardo. A ella y a su grupo, Lula, los descubrí una mañana a las siete, que es la hora en la que a veces la Dos redifusiona programas de música para madrugadores voluntarios o forzados, para insomnes o para los que regresan de quemar la noche. Y a esa hora tan intempestiva las guitarras arden. Ahora ella y su grupo me acompañan por largas carreteras que recorro para fotografiar los interiores de las casas de gente anónima. En los videos de la televisión del futuro, la que ya no entiende de horarios, se la ve con corte de pelo y ojos a lo Chrissie Hynde recordándonos que todo viene de algún lado y vuelve al mismo sitio cambiándolo todo. Cuando había tirado la toalla con todo lo indie aparecen ellos y hacen que me enganche a su disco como cuando tiempo atrás descubría un grupo tras otro, llegando a la conclusión de que si vuelves a descubrir otro grupo que te engancha es que realmente no ha pasado el tiempo. Los acordes, los riffs, las chupas. Para mí, por lo menos, con ellos vuelve lo básico, lo que me dice que si suena bien, los virtuosismos están de más. La actitud y los tópicos que no siempre suenan creíbles en otros, en ellos suenan consistentes. No habrá botella grande para mí, ni suficiente alcohol en la ciudad.
domingo, 22 de agosto de 2010
Sólo voy a sitios con guardarropa (3)

Lo fúnebre no tiene porque siempre ser sinónimo de funesto. O eso nos quiso transmitir Nieves Concostrina el miércoles 18 en la librería Picasso de Almería. Pero este tabú es pesado como una lápida. El tabú de la muerte. Ese tabú que implica que los cementerios son sitios para mantener apartados y visitarlos sólo en el caso de que haya un familiar o un ser querido, que tampoco tiene porque implicar una cosa la otra. El tabú que exige respeto hacia lo que debe ser necesariamente triste y por tanto no debe ser motivo de guasa. O sí. A juicio de Nieves, bastante y se arma de argumentos. El citado miércoles nos presentó un libro sobre epitafios con los que, no puedo evitar el chiste, te mueres de la risa. No debe estar constatado que alguien haya muerto así por lo que eso igual alimenta el tabú. Según Nieves en otros países (siempre en otros países, todo es diferente en otros países, a pesar de Larra) los cementerios son lugares turísticos, lo cual desconozco ya que, aunque no me importaría, todavía no he practicado ese turismo funerario, esperaré a que sea una moda sólida. Y claro, basta imaginar, en este país, un parque temático de la muerte ilustre como el cementerio de Père-Lachaise en París para como poco ser catalogado de raro, morboso, gótico. Es evidente que los tabúes hay que pasárselos por el forro en otros países, porque aquí, ya se sabe. El tabú, siempre el tabú, la Iglesia, la religión, la Inquisición. Y Freud para explicarlo. Pero todo es más sencillo. Basta con haber ido y pasado un rato ameno con las fotos y los comentarios al hilo de “En polvo te convertirás” (2010, La Esfera de los Libros) o ir a París a hacer la visita de rigor a la tumba del pesado de Jim Morrison y de paso ver la de Chopin o Balzac, entre otras, en el archiconocido Père-Lachaise. O contravenir a la Inquisición y no sé qué gaitas y visitar cualquier cementerio que te apetezca. Incluso los españoles. También estuvo por allí el afable Michael Jacobs, que practica con vehemencia la hispanofilia y que fruto de ese hobby tan inglés presentó su libro “La Fábrica de La Luz” (2010, Ediciones B), inevitablemente a la sombra de su paisano Chris Stewart. Tan a la sombra que después de mencionar varias veces que estaban esperando que llegara de un momento a otro, el autor de “Entre Limones” apareció por allí, y no tuvo inconveniente en firmar ejemplares (de su libro, of course). Al final, en los corrillos, el también afable Stewart me dijo que no creyera que su novela era buena, que cantidad de ventas no significaba calidad. No la he leído y no puedo opinar, pero a mí no me importaría escribir libros tan malos como él asevera, o peores, visto queda que los frutos de los mismos, después de todo, no son tan agrios.
martes, 17 de agosto de 2010
Sólo voy a sitios con guardarropa (2)
Para disfrutar de lo mejor siempre hay que ir a otro sitio. Y además que no sea gratis ya que, citando a un cantante y guitarrista muy hacedor de amigos, lo peor de la vida siempre es gratis. Para qué vas a probar en tu barrio. Te puedes encontrar cosas como que han abierto un nuevo bar y que ponen buenas tapas. Cierto que siempre serán peores que ese o el otro bar de no sé donde pero qué quieres que te diga, me gusta que en un bar haya ambiente de bar y no de funeraria o de despacho de notario. Que se voceen las tapas a la cocina y que no haya sitio, que haya poco diseño, después de todo no hay que llamar a Le Corbusier para poner un bar. Que no salgan en ninguna guía con el rollo ese de la calidad y la cantidad. Bares descatalogados de barrio donde las cañas están a dos euros. Además se puede tener controlado al dueño del Studiocafé y señora que poniendo cara de circunstancia te habrá dicho antes que los monólogos no empiezan a las diez y media, sino a partir de las diez y media. Que te da tiempo a tomar una caña. Una y todas, pero ese es otro asunto. Pues bien, pasadas y bien pasadas las diez y media y tomadas todas las cañas, ya se puede ir notando que el citado dueño y señora se va para su bar (o café) o sea que es probable que los monólogos esos empiecen. Ya en el bar o café de los monólogos la expectación es máxima ya que está lleno de gente y todo el mundo hace apuestas a que los que están poniendose ciegos a cubatas cerca del escenario son los monologuistas y que de un momento a otro empieza la cosa. También da tiempo a tomarse algunos cubatas mientras tanto. O un mojito. Ya sabemos que seguramente los monologuistas no deben ser buenos, por aquello de lo gratis y que los mejores mojitos los preparan en el Savoy o en el Palacio Episcopal de Astorga, ya puestos, pero para mí que estos están de muerte y que las y los o los y las monologuistas del otro día eran acojonantes. Es evidente que la fase previa es fundamental, para ambas y ambos. Pero vamos que hay otras opciones como irse al festival de Bayreuth a escuchar a Wagner a palo seco. Pero vaya, fiate de los controladores y los ministros.
miércoles, 11 de agosto de 2010
COSAS DE MAL GUSTO
Andar por tu ciudad. Para eso están las ciudades de los demás en vacaciones. O las rutas de senderismo. Leer el periódico. Los periódicos son para hojearlos, no para leerlos. Y menos comprarlos. Se deben hojear de soslayo mientras se toma café en el bar. Un día sorprendí a un amigo con un periódico que había comprado. Leer los clásicos. Sobre todo si nos los hicieron leer en el Instituto. Se deben leer best seller, novedades, libros recomendados o libros de moda.
Y los clásicos, como el Instituto, nunca han estado de moda. Lo estuvieron en su día, pero entonces no eran clásicos, ni los mandaban leer en el Instituto. Además, de eso hace mucho tiempo. Ver una película más de una vez. Y no digamos volver a verla frecuentemente. No es excusa decir que es buena. Las películas no se clasifican en buenas o malas sino en estrenos de la semana y películas antiguas. Hacer deporte sin decírselo a nadie. Saber algo más de física cuántica de lo que dice el Muy Interesante. Ser puntual. Escribir en un blog.
sábado, 17 de julio de 2010
Backstage
Ayer estuve en un concierto, de blues, decían. En los conciertos, dicen, lo suyo es estar delante del escenario, escuchando, saltando, bailando y apreciando los acordes y eso. Yo prefiero detrás, sin escuchar nada, charlando con el músico que me acaban de presentar, al que vi en un bar tocando solo hace quince años. Y cruzarme con otro, y hablar, sí, os vi en concierto-acampada,
en algún sitio de la provincia de Córdoba en...¿1993?, tocando después de aquellos, sí, ¿quién eran? Tabletom, iban delante de vosotros. Ah, ya. En la magia del backstage donde los vestuarios, que otros llaman camerinos, y los servicios son de pocas estrellas, casi ninguna. Que no tienen champagne caro, ni barato, ni flores, ni agua de una determinada marca, vaya, botellitas de agua y cocacolas. Aquí no hay divismos ni divos y el glamour del rock and roll, que aquí llamaban blues es verlos subir al escenario, subir ellos mismos los instrumentos y equipos y tocar como nadie. Sin roadies, sin groupies, ni sexo, ni drogas. Sólo rock and roll.
viernes, 2 de julio de 2010
El post eterno
A ella a veces le gustaba la vida, pero sólo a veces. Ella, que tenía tanta vida. Tampoco le gustaba el mundo de todas todas. Sus fotos y sus notas están aún en páginas webs y blogs porque nadie ha sabido o ha querido hacerlas desaparecer. Claro, todo el mundo conocía de primera mano sus pensamientos, pero no sus contraseñas. El ciberespacio, pues, le brindó la eternidad o la inmortalidad. Esa inmortalidad que espera a los moradores de la red que no comparten con nadie sus contraseñas. En su blog, eterno, todavía hacen comentarios y pueden hacerlos porque ella nunca puso filtros, ni en su blog, ni en su mundo, ni en su vida.
Este pequeño relato está basado en hechos reales y por respeto he preferido no dar nombres ni detalles que permitan reconocerla, a ella, de nombre sonoro donde los hubiera.
miércoles, 6 de enero de 2010
IN THE SUGAR

Hay toneladas de caramelos. Todas en sacos llenos de millones de kilocalorías. Ya no hace falta pensar si habrá suficiente o será necesario más. Hay para todos. Para llenar hasta los bolsillos más ambiciosos. Se lanzan o se disparan siguiendo una trayectoria parábolica o rectilínea, directa a sus ojos. El despilfarro de azúcar genera optimismo, al igual que inaugurar un edificio 300 metros más alto que el más alto. El pueblo ya no necesita, pues, pan y circo sino caramelos y rascacielos.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Días felices en el Manila.
Hoy he vuelto al Manila. He vuelto a todos los días anteriores que volví. A preparar la presentación de un libro con un actor y hablar sobre todas las cosas menos de la presentación del libro. A tomar cervezas y hacer risas con amigas del trabajo o lo que es lo mismo, a tomar cervezas y hacer risas con amigas. A ponerme ciego de pacharán ignorando algunas recomendaciones. A tomar café con una persona que conocí en una cafetería en Granada hace diecisiete años y que ahora vive cerca. A firmar un libro con café por medio. A celebrar el día ese de los enamorados. A poner mi programa de radio, en diferido, los lunes por a tarde, a las ocho. A darle un librito firmado a la jefa. A tomar un café solitario y triste, cualquier día temprano. A tomar un café en compañía un sábado antes de la compra. A ver lo que dice de mí el periódico. Es posible que mañana vuelva a algún día más, quién sabe, si vuelvo pues, a las personas que estuvieron allí, ya nos vemos.
sábado, 10 de octubre de 2009
Se le ha caido a usted el síndrome.

He estado en una exposición de cartas, libretas, blocs, notas, certificados y hasta esquelas mortuorias, escritos todos a mano y en papel. Bastante antiguos y escritos con plumillas y cosas de esas. Tinta de tintero y letra redondilla. En realidad todo empezó a ir mal con la invención del bolígrafo. A partir de ahí escribir, mandar o guardar una carta fue considerado anómalo y síntoma precursor de futuro padecimiento del síndrome de Diógenes, amén de otros handicaps: romántico, antiguo, raro. Hoy las cartas en papel las escriben los bancos y las compañías eléctricas, de agua y telefónicas. Y en general advierten que no se destruyan para reafirmación de los que padecen, aunque no admiten, el anteriormente citado síndrome. Paralelamente el mundo virtual ha creado réplicas de los objetos que he visto en la exposición, ya con nombres diferentes, pdfs, mails, post, doc. Y aunque lo intento no logro imaginarme como será una exposición de todos estos objetos (virtuales) en el futuro. Aún así, ¿debemos guardarlos para ese momento? ¿Cómo se guardan los comentarios de un blog o facebook? Tenemos que dar gracias a los avances en la comunicación por su interés en erradicar manías y su fe en que todas las adicciones son buenas, salvo la de guardar las cosas.
domingo, 4 de octubre de 2009
Yo no quiero ser feliz

El sol viaja siguiendo el diámetro de la sombrilla quemando cada siete minutos los pies. Yo me muevo en sentido contrario cada siete minutos. Yo no quiero ser feliz. Polanski es franco-polaco. Me sobra carnaval. La vela de surf es roja-transparente-roja. Sueño con pilots color violeta y chicles sabor a melón. He visto trazas de su mente. Los poetas y románticos dirían de su corazón y su alma. Pero sólo es una mecánica antropológica, bastante precisa, aunque aproximada. Y todas las botellas de agua y las pin-ups. Vimos luz, oímos truenos. Encuestas de metroscopia. Exposiciones eróticas. Buscando un carnero. Dieciocho horas veinte minutos. Fin de caída libre.
domingo, 27 de septiembre de 2009
En Granada hacía calor
viernes, 18 de septiembre de 2009
En Murcia también sopla el viento.
miércoles, 29 de julio de 2009
Cumpleaños virtual
Lo haré via mail a los que habitualmente reciben las entradas del blog. Así que si recibes está entrada sólo tienes/tenéis que estar atentos al correo. En caso de que no se reciba o que se quiera que se comunique en otro correo, no hay más que decirmelo, escribiendome a fjscollantes@gmail.com.
Y nada más, por ahora.
martes, 9 de junio de 2009
Sólo voy a sitios con guardarropa
lunes, 8 de junio de 2009
Generación Pandora
http://23pandoras.blogspot.com/
lunes, 6 de abril de 2009
Semana Santa no sabe no contesta
domingo, 2 de noviembre de 2008
Los cajeros automáticos de los aparcamientos subterráneos tienen alma
sábado, 18 de octubre de 2008
DILUVIOS
miércoles, 20 de agosto de 2008
Panorama desde el puente
Madrid tiene indigentes que aceptan tarjeta de crédito. Hay hoteles que no están cerca de la estación porque están en la estación. En una calle no destacan las pintadas con sprays porque toda la parte baja de las todas fachadas, puertas antiguas de entrada a edificios incluidas, están pintadas con sprays. En el metro entran personas de todas las razas, nacionalidades y culturas. Chinos, árabes, latinoamericanos, subsaharianos. No predominan unos u otros. En el bar La Troje te sirven en la mesa llevándote la botella para que la veas. En el bar Bukowski mi amigo el escritor de microrelatos me presenta al maquetador del más allá (la revista). Allí saludo al hijo de Gonzalo Torrente Ballester que es asiduo de este bar. Después, un taxi hiperveloz nos lleva hasta el hotel, sólos en la noche de Madrid la velocidad y nosotros. El hotel, el sueño. El metro. Ella me hace fotografías. Ráfagas de flash estrepitoso. El mundo subterráneo desenfocado. Una chica acaricia la cubierta de un libro recién comprado antes de abrirlo. Delante, detrás. Dos chicas hablan de como se debe tomar la comunión, con las dos manos o con una. Lavapiés es un barrio con muchas tiendas de ropa regentadas por chinos, económicas. Puedes encontrar cosas interesantes. Yo encontré una cazadora de esas que sólo quieres ir con ella. La nubes grises pueden acechar lluvia y no hace tanto calor. A veces hace hasta frío. Hay un restaurante que se llama La Soberbia, curioso nombre. Más tarde, en el museo no hay colas. Hay estatuas, cuadros, curiosos cuadros de Miró, blancos inmaculados grandes con puntos o líneas negros. Dalí arrebata con su perfección en tan poco espacio. Un edificio rojo adosado al museo destaca por su voladizo inmenso, metálico. Farmacias de entrada estrecha, como un pasillo abiertas para las urgencias imprevistas. El rastro sigue siendo el paraíso de los coleccionistas de cromos, objetos curiosos, tebeos, libros de segunda mano, cajitas, muebles, antigüedades, ropa, relojes, bares atestados de gente al mediodía. Sentados al lado de una entrada estrecha de un parque de bomberos esperamos el final del viaje. Una llamada. Otra vez el metro. Otra vez el hotel. El tren. El sueño y el viaje nos devuelven a nuestro lugar de origen. Otra vez el maldito mundo de todos los días.