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martes, 12 de octubre de 2010

Divinas (1)

















Patrizia Escoin es flamígera. Enfundada en una camiseta de rayas rojas horizontales toca una guitarra eléctrica con forro de leopardo. A ella y a su grupo, Lula, los descubrí una mañana a las siete, que es la hora en la que a veces la Dos redifusiona programas de música para madrugadores voluntarios o forzados, para insomnes o para los que regresan de quemar la noche. Y a esa hora tan intempestiva las guitarras arden. Ahora ella y su grupo me acompañan por largas carreteras que recorro para fotografiar los interiores de las casas de gente anónima. En los videos de la televisión del futuro, la que ya no entiende de horarios, se la ve con corte de pelo y ojos a lo Chrissie Hynde recordándonos que todo viene de algún lado y vuelve al mismo sitio cambiándolo todo. Cuando había tirado la toalla con todo lo indie aparecen ellos y hacen que me enganche a su disco como cuando tiempo atrás descubría un grupo tras otro, llegando a la conclusión de que si vuelves a descubrir otro grupo que te engancha es que realmente no ha pasado el tiempo. Los acordes, los riffs, las chupas. Para mí, por lo menos, con ellos vuelve lo básico, lo que me dice que si suena bien, los virtuosismos están de más. La actitud y los tópicos que no siempre suenan creíbles en otros, en ellos suenan consistentes. No habrá botella grande para mí, ni suficiente alcohol en la ciudad.


domingo, 22 de agosto de 2010

Sólo voy a sitios con guardarropa (3)








Lo fúnebre no tiene porque siempre ser sinónimo de funesto. O eso nos quiso transmitir Nieves Concostrina el miércoles 18 en la librería Picasso de Almería. Pero este tabú es pesado como una lápida. El tabú de la muerte. Ese tabú que implica que los cementerios son sitios para mantener apartados y visitarlos sólo en el caso de que haya un familiar o un ser querido, que tampoco tiene porque implicar una cosa la otra. El tabú que exige respeto hacia lo que debe ser necesariamente triste y por tanto no debe ser motivo de guasa. O sí. A juicio de Nieves, bastante y se arma de argumentos. El citado miércoles nos presentó un libro sobre epitafios con los que, no puedo evitar el chiste, te mueres de la risa. No debe estar constatado que alguien haya muerto así por lo que eso igual alimenta el tabú. Según Nieves en otros países (siempre en otros países, todo es diferente en otros países, a pesar de Larra) los cementerios son lugares turísticos, lo cual desconozco ya que, aunque no me importaría, todavía no he practicado ese turismo funerario, esperaré a que sea una moda sólida. Y claro, basta imaginar, en este país, un parque temático de la muerte ilustre como el cementerio de Père-Lachaise en París para como poco ser catalogado de raro, morboso, gótico. Es evidente que los tabúes hay que pasárselos por el forro en otros países, porque aquí, ya se sabe. El tabú, siempre el tabú, la Iglesia, la religión, la Inquisición. Y Freud para explicarlo. Pero todo es más sencillo. Basta con haber ido y pasado un rato ameno con las fotos y los comentarios al hilo de “En polvo te convertirás” (2010, La Esfera de los Libros) o ir a París a hacer la visita de rigor a la tumba del pesado de Jim Morrison y de paso ver la de Chopin o Balzac, entre otras, en el archiconocido Père-Lachaise. O contravenir a la Inquisición y no sé qué gaitas y visitar cualquier cementerio que te apetezca. Incluso los españoles. También estuvo por allí el afable Michael Jacobs, que practica con vehemencia la hispanofilia y que fruto de ese hobby tan inglés presentó su libro “La Fábrica de La Luz” (2010, Ediciones B), inevitablemente a la sombra de su paisano Chris Stewart. Tan a la sombra que después de mencionar varias veces que estaban esperando que llegara de un momento a otro, el autor de “Entre Limones” apareció por allí, y no tuvo inconveniente en firmar ejemplares (de su libro, of course). Al final, en los corrillos, el también afable Stewart me dijo que no creyera que su novela era buena, que cantidad de ventas no significaba calidad. No la he leído y no puedo opinar, pero a mí no me importaría escribir libros tan malos como él asevera, o peores, visto queda que los frutos de los mismos, después de todo, no son tan agrios.

martes, 17 de agosto de 2010

Sólo voy a sitios con guardarropa (2)

Para disfrutar de lo mejor siempre hay que ir a otro sitio. Y además que no sea gratis ya que, citando a un cantante y guitarrista muy hacedor de amigos, lo peor de la vida siempre es gratis. Para qué vas a probar en tu barrio. Te puedes encontrar cosas como que han abierto un nuevo bar y que ponen buenas tapas. Cierto que siempre serán peores que ese o el otro bar de no sé donde pero qué quieres que te diga, me gusta que en un bar haya ambiente de bar y no de funeraria o de despacho de notario. Que se voceen las tapas a la cocina y que no haya sitio, que haya poco diseño, después de todo no hay que llamar a Le Corbusier para poner un bar. Que no salgan en ninguna guía con el rollo ese de la calidad y la cantidad. Bares descatalogados de barrio donde las cañas están a dos euros. Además se puede tener controlado al dueño del Studiocafé y señora que poniendo cara de circunstancia te habrá dicho antes que los monólogos no empiezan a las diez y media, sino a partir de las diez y media. Que te da tiempo a tomar una caña. Una y todas, pero ese es otro asunto. Pues bien, pasadas y bien pasadas las diez y media y tomadas todas las cañas, ya se puede ir notando que el citado dueño y señora se va para su bar (o café) o sea que es probable que los monólogos esos empiecen. Ya en el bar o café de los monólogos la expectación es máxima ya que está lleno de gente y todo el mundo hace apuestas a que los que están poniendose ciegos a cubatas cerca del escenario son los monologuistas y que de un momento a otro empieza la cosa. También da tiempo a tomarse algunos cubatas mientras tanto. O un mojito. Ya sabemos que seguramente los monologuistas no deben ser buenos, por aquello de lo gratis y que los mejores mojitos los preparan en el Savoy o en el Palacio Episcopal de Astorga, ya puestos, pero para mí que estos están de muerte y que las y los o los y las monologuistas del otro día eran acojonantes. Es evidente que la fase previa es fundamental, para ambas y ambos. Pero vamos que hay otras opciones como irse al festival de Bayreuth a escuchar a Wagner a palo seco. Pero vaya, fiate de los controladores y los ministros.

miércoles, 11 de agosto de 2010

COSAS DE MAL GUSTO

Andar por tu ciudad. Para eso están las ciudades de los demás en vacaciones. O las rutas de senderismo. Leer el periódico. Los periódicos son para hojearlos, no para leerlos. Y menos comprarlos. Se deben hojear de soslayo mientras se toma café en el bar. Un día sorprendí a un amigo con un periódico que había comprado. Leer los clásicos. Sobre todo si nos los hicieron leer en el Instituto. Se deben leer best seller, novedades, libros recomendados o libros de moda.
Y los clásicos, como el Instituto, nunca han estado de moda. Lo estuvieron en su día, pero entonces no eran clásicos, ni los mandaban leer en el Instituto. Además, de eso hace mucho tiempo. Ver una película más de una vez. Y no digamos volver a verla frecuentemente. No es excusa decir que es buena. Las películas no se clasifican en buenas o malas sino en estrenos de la semana y películas antiguas. Hacer deporte sin decírselo a nadie. Saber algo más de física cuántica de lo que dice el Muy Interesante. Ser puntual. Escribir en un blog.

sábado, 17 de julio de 2010

Backstage

Ayer estuve en un concierto, de blues, decían. En los conciertos, dicen, lo suyo es estar delante del escenario, escuchando, saltando, bailando y apreciando los acordes y eso. Yo prefiero detrás, sin escuchar nada, charlando con el músico que me acaban de presentar, al que vi en un bar tocando solo hace quince años. Y cruzarme con otro, y hablar, sí, os vi en concierto-acampada,
en algún sitio de la provincia de Córdoba en...¿1993?, tocando después de aquellos, sí, ¿quién eran? Tabletom, iban delante de vosotros. Ah, ya. En la magia del backstage donde los vestuarios, que otros llaman camerinos, y los servicios son de pocas estrellas, casi ninguna. Que no tienen champagne caro, ni barato, ni flores, ni agua de una determinada marca, vaya, botellitas de agua y cocacolas. Aquí no hay divismos ni divos y el glamour del rock and roll, que aquí llamaban blues es verlos subir al escenario, subir ellos mismos los instrumentos y equipos y tocar como nadie. Sin roadies, sin groupies, ni sexo, ni drogas. Sólo rock and roll.

viernes, 2 de julio de 2010

El post eterno

A ella a veces le gustaba la vida, pero sólo a veces. Ella, que tenía tanta vida. Tampoco le gustaba el mundo de todas todas. Sus fotos y sus notas están aún en páginas webs y blogs porque nadie ha sabido o ha querido hacerlas desaparecer. Claro, todo el mundo conocía de primera mano sus pensamientos, pero no sus contraseñas. El ciberespacio, pues, le brindó la eternidad o la inmortalidad. Esa inmortalidad que espera a los moradores de la red que no comparten con nadie sus contraseñas. En su blog, eterno, todavía hacen comentarios y pueden hacerlos porque ella nunca puso filtros, ni en su blog, ni en su mundo, ni en su vida.
Este pequeño relato está basado en hechos reales y por respeto he preferido no dar nombres ni detalles que permitan reconocerla, a ella, de nombre sonoro donde los hubiera.

miércoles, 6 de enero de 2010

IN THE SUGAR


Hay toneladas de caramelos. Todas en sacos llenos de millones de kilocalorías. Ya no hace falta pensar si habrá suficiente o será necesario más. Hay para todos. Para llenar hasta los bolsillos más ambiciosos. Se lanzan o se disparan siguiendo una trayectoria parábolica o rectilínea, directa a sus ojos. El despilfarro de azúcar genera optimismo, al igual que inaugurar un edificio 300 metros más alto que el más alto. El pueblo ya no necesita, pues, pan y circo sino caramelos y rascacielos.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Días felices en el Manila.

Hoy he vuelto al Manila. He vuelto a todos los días anteriores que volví. A preparar la presentación de un libro con un actor y hablar sobre todas las cosas menos de la presentación del libro. A tomar cervezas y hacer risas con amigas del trabajo o lo que es lo mismo, a tomar cervezas y hacer risas con amigas. A ponerme ciego de pacharán ignorando algunas recomendaciones. A tomar café con una persona que conocí en una cafetería en Granada hace diecisiete años y que ahora vive cerca. A firmar un libro con café por medio. A celebrar el día ese de los enamorados. A poner mi programa de radio, en diferido, los lunes por a tarde, a las ocho. A darle un librito firmado a la jefa. A tomar un café solitario y triste, cualquier día temprano. A tomar un café en compañía un sábado antes de la compra. A ver lo que dice de mí el periódico. Es posible que mañana vuelva a algún día más, quién sabe, si vuelvo pues, a las personas que estuvieron allí, ya nos vemos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Se le ha caido a usted el síndrome.














He estado en una exposición de cartas, libretas, blocs, notas, certificados y hasta esquelas mortuorias, escritos todos a mano y en papel. Bastante antiguos y escritos con plumillas y cosas de esas. Tinta de tintero y letra redondilla. En realidad todo empezó a ir mal con la invención del bolígrafo. A partir de ahí escribir, mandar o guardar una carta fue considerado anómalo y síntoma precursor de futuro padecimiento del síndrome de Diógenes, amén de otros handicaps: romántico, antiguo, raro. Hoy las cartas en papel las escriben los bancos y las compañías eléctricas, de agua y telefónicas. Y en general advierten que no se destruyan para reafirmación de los que padecen, aunque no admiten, el anteriormente citado síndrome. Paralelamente el mundo virtual ha creado réplicas de los objetos que he visto en la exposición, ya con nombres diferentes, pdfs, mails, post, doc. Y aunque lo intento no logro imaginarme como será una exposición de todos estos objetos (virtuales) en el futuro. Aún así, ¿debemos guardarlos para ese momento? ¿Cómo se guardan los comentarios de un blog o facebook? Tenemos que dar gracias a los avances en la comunicación por su interés en erradicar manías y su fe en que todas las adicciones son buenas, salvo la de guardar las cosas.

domingo, 4 de octubre de 2009

Yo no quiero ser feliz


















El sol viaja siguiendo el diámetro de la sombrilla quemando cada siete minutos los pies. Yo me muevo en sentido contrario cada siete minutos. Yo no quiero ser feliz. Polanski es franco-polaco. Me sobra carnaval. La vela de surf es roja-transparente-roja. Sueño con pilots color violeta y chicles sabor a melón. He visto trazas de su mente. Los poetas y románticos dirían de su corazón y su alma. Pero sólo es una mecánica antropológica, bastante precisa, aunque aproximada. Y todas las botellas de agua y las pin-ups. Vimos luz, oímos truenos. Encuestas de metroscopia. Exposiciones eróticas. Buscando un carnero. Dieciocho horas veinte minutos. Fin de caída libre.

domingo, 27 de septiembre de 2009

En Granada hacía calor

El viernes en Granada los termómetros marcaban insistentemente 31º, a las cinco de la tarde. Aún así la gente por la calle llevaba ropa de abrigo, cazadoras, jerseys, camisas de manga larga. En la Plaza de la Trinidad se oyen sonidos de pájaros a un volumen chirriante. Pero sólo se trata de altavoces situados en los árboles. Los pájaros de verdad descansan a cientos en las plumas de las grúas, que se elevan por encima de todos los edificios. En esa misma plaza hay un bar, llamado Reca, antaño famoso por sus tapas. Ahora es un bar moderno, con estilo y las tapas son sofisticadas. Donde antes había una librería ahora hay tienda de bolsos o zapatos. Hace muchos años iba acompañado a una tienda donde sólo vendían té a granel en grandes botes de cristal. Ahora sería incapaz de encontrarla, si es que sigue existiendo. Y por más que pasa el tiempo, en sueños, sigo yendo a esa tienda, una y otra vez, acompañado, en sueños, por la misma persona. Tengo en casa té, pero de bolsita, y a veces lo preparo pensando en el sabor de aquel té. Pero me sabe insípido, vacío. En Almería, hoy, llueve y hace un día plomizo, con sabor de té de bolsita preparado en casa.

viernes, 18 de septiembre de 2009

En Murcia también sopla el viento.

Pero sin respuestas. Hay personas que te ofrecen el aparcamiento antes de irse. Puedes tomar café en una bocatería llamada Musu. Enfrente de un instituto. Hace frío ventoso casi otoñal en las primeras horas de la mañana y calor a mediodía. En la cafetería hay una amplio cristal en la entrada y tú puedes estar sentado en una mesa naranja cerca de ese cristal viendo pasar gente, personas, chicos y chicas que entran al instituto. Y ver el efecto del viento en los árboles. Pero aunque sople no hay ninguna respuesta en ese viento, ninguna. Puedes, sin embargo, pensar a donde te puede llevar el viento, siempre caprichoso, nervioso, inquieto. Puedes imaginar que alguien que estaba en el pasado pasa por delante del cristal, entra en la cafetería y se sienta a tu lado. Imaginar que le preguntas porqué las cosas han sido, son o serán de una manera determinada y no de otra. Eso sí, como el viento, no tendrá ninguna respuesta. En Murcia a mediados de septiembre, en las primeras horas de la mañana, hace frío ventoso casi otoñal pero un calor agradable a mediodía.

miércoles, 29 de julio de 2009

Cumpleaños virtual

Bueno, sí, vale. Hoy es mi cumpleaños. Los primeros en felicitarme han sido las páginas webs donde para registrarme puse la fecha de nacimiento de verdad. Los segundos, mi familia. El tercero, un desconocido en facebook, que no sé si es una persona o un libro. Agradezco pues a máquinas, personas, webs y libros las variadas felicitaciones. En otro orden de cosas, mis lectores y fans acérrimos puede que se vean agraciados en agosto. No soy de adelantar acontecimientos, no obstante y dado el carácter especial del alumbramiento, tengo que avisarlo.
Lo haré via mail a los que habitualmente reciben las entradas del blog. Así que si recibes está entrada sólo tienes/tenéis que estar atentos al correo. En caso de que no se reciba o que se quiera que se comunique en otro correo, no hay más que decirmelo, escribiendome a fjscollantes@gmail.com.
Y nada más, por ahora.

martes, 9 de junio de 2009

Sólo voy a sitios con guardarropa

Lo que un caballero o señora o señorita, puede y debe hacer en Almería un lunes por la noche es ir al aula de poesía y enterarse, como ayer a las ocho de la tarde, de que hay gente que escribe poesía en otros sitios, Madrid, por ejemplo y que viene aquí a presentarla y leerla o recitarla. Ayer vino Vanesa Pérez- Sauquillo y Juan Andrés García Román. Lo de Vanesa son las medianeras, o sea, lo que queda en la pared de un edificio cuando se demuele el contiguo. Lo que para el viandante no tiene más que algo de ruina y abandono para Vanesa tiene poesía, y también lo tiene para Pérez Siquier, el fotógrafo, poesía o estética en general. Vamos que los restos de escaleras, azulejos, vigas y demás en la pared medianera de un solar abandonado es poético, pues sí, lo es. Y así lo demostró ayer la señora o señorita Pérez-Sauquillo y lo corroboró con poemas ilustrados con fotografías. Claro que los viandantes que no van al aula de poesía pues, evidentemente, no se van a enterar de esto. Más que restos de azulejos hay restos de vidas, restos de viviendas, restos de vivencias. Dice Vanesa que los moradores de las viviendas dejamos algo en ellas, que no somos como el aire. Después, todo caballero o señora o señorita que se precie debe ir a tomarse una caña para hacer tiempo mientras prueban sonido Sonny Vincent y su grupo en el Lili Marleen, y luego ir pronto para coger sitio justo donde el bajista te puede dar con el mástil de su guitarra-bajo si no andas con ojo y donde al batería, frenético donde los haya, se le puede escapar una baqueta y tú se la puedes devolver así como quien no quiere la cosa. Ahora estos chicos están de gira por España y, oh milagros de los nuevos tiempos, recalan en un antro semidesconocido de la calle Eduardo Pérez. Y el Sonny ése que desde el Nueva York punk y garajero, que, por lo visto, aún existe, viene a Almería a darnos una lección de lo que antes se llamaba punk rock. Digo yo que llevar desde los setenta en el tema y haber tocado con los restos de los Damned, MC5, Hertabreakers, etc. es como decir que un trozo de la historia del rock viene a Almería y toca a un metro escaso de ti mientras te tomas tranquilamente una cerveza; casi nada, vaya, o el cielo, según se mire.

lunes, 8 de junio de 2009

Generación Pandora

La Generación del 27 no fue sino hasta que alguien dijo o escribió: Generación del 27. Existió, pero no se llamaba así o no se llamaba. Ahora las féminas arrasan en poesía y definitivamente han bajado la poesía del pedestal. Me pido decir prime Generación Pandora. La Beatlemanía no fue hasta que alguien dijo por primera vez Beatlemanía. Existía, pero no era o no se llamaba. Me pido decir prime Pandoramanía. No están todas las que son pero sí son todas las que están.
http://23pandoras.blogspot.com/

lunes, 6 de abril de 2009

Semana Santa no sabe no contesta

Hemingway fue un escritor no abstemio seguidor de Sócrates en lo tocante a abandonar el mundo por el sistema de despedida a la francesa. También, Hemingway, no Sócrates, era americano, machista, misógino, amigo de las armas y amigo de la muerte. Todo un intelectual. Amigo de la muerte de los toros y su fiesta. Escribió un libro sublime, Muerte en la Tarde, brutal y salvajemente bien escrito, no apto, quizás, para antitaurinos, sí apto, quizás, para amantes de la literatura. Ya lo tienen difícil los antitaurinos amantes de la literatura. Me gustaría leer algo igual respecto a la Semana Santa. Es más, me gustaría leer algo igual. Pero al misógino, machista, americano, amigo de las armas y no abstemio Hemingway no le dio por escribir nada (que yo sepa) de esta otra hispánica fiesta de al menos dos días en el calendario. Claro que sí lo hubiera hecho los antisemanasanta amantes de la literatura tendrían que elegir. Semana Santa, sí, Semana Santa, no. Y Hemingway tampoco.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Los cajeros automáticos de los aparcamientos subterráneos tienen alma

Los aparcamientos subterráneos son mundos desconocidos. Sus expendedores de tickets, siempre perversos, te miran y te dicen: algún día perderás el ticket y pagarás con creces cada vez que has aparcado encima de nosotros en un aparcamiento superficial gratuito. Tienen algo de culto y underground, claro, de malditismo. Los horóscopos lo vaticinan: hoy podrás aparcar. En días de luna llena los aparcamientos subterráneos se vacían. El paso fronterizo entre el mundo superficial y el subterráneo lo marca su barrera insobornable que siempre vacila, puede que algún día no te deje entrar o peor, puede que no te deje salir y te quedes para siempre en este mundo oscuro, bajo tierra. Su letrero luminoso verde de libertad, libre, dice, algún día mentirá. Los objetos, las máquinas, las cosas, también mienten. Cuando ese letrero mienta, tú darás vueltas y vueltas buscando inútilmente tu lugar entre las cuadrículas, y no tendrás sitio ni fuera ni dentro. Tendrás que pagar para salir. Hasta ahora el pago te aseguraba un sitio en este inframundo, cuando el letrero se corrompa, ya no. Entonces, sólo entonces, cuando los letreros luminosos de los aparcamientos adviertan por ellos solos el beneficio de su mentira y por tanto de su maldad, las máquinas habrán superado otro test de Turing, más fiable, quizás. Sin embargo tendrán que compincharse con el cajero automático de pago, que no acepta cualquier moneda ni cualquier billete. Él sí es el verdadero carcelero y juez de vigilancia penitenciaria en el proceso de entrar y salir de este frío universo. Y es subjetivo, el dinero de unos no es lo mismo que el de otros. Si decide, por fin, que tu dinero, monedas o billetes, pueden comprar su alma, te dejará salir, siempre exacto en su precio y ateniéndose a sus tarifas, el precio de su alma está tarificado. Y a la salida la libertad que anunciaba el letrero luminososo de la entrada sí adquirirá sentido. Pero ya tarde, en eso se parece al mundo superficial que hay encima.

sábado, 18 de octubre de 2008

DILUVIOS















Los días se vuelven ocres en cuestión de minutos. Esa impredicción exacta convierte en mares las calles y hace imposible el tránsito hacia las otras aceras. De pronto se produce lo impensable y estás rodeado de agua por todas partes menos por una que es la que te une al continente que no sabías que existía, como tal. O quizás aislado en medio de tu manzana. La manzana aislada del diluvio.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Panorama desde el puente


















Madrid tiene indigentes que aceptan tarjeta de crédito. Hay hoteles que no están cerca de la estación porque están en la estación. En una calle no destacan las pintadas con sprays porque toda la parte baja de las todas fachadas, puertas antiguas de entrada a edificios incluidas, están pintadas con sprays. En el metro entran personas de todas las razas, nacionalidades y culturas. Chinos, árabes, latinoamericanos, subsaharianos. No predominan unos u otros. En el bar La Troje te sirven en la mesa llevándote la botella para que la veas. En el bar Bukowski mi amigo el escritor de microrelatos me presenta al maquetador del más allá (la revista). Allí saludo al hijo de Gonzalo Torrente Ballester que es asiduo de este bar. Después, un taxi hiperveloz nos lleva hasta el hotel, sólos en la noche de Madrid la velocidad y nosotros. El hotel, el sueño. El metro. Ella me hace fotografías. Ráfagas de flash estrepitoso. El mundo subterráneo desenfocado. Una chica acaricia la cubierta de un libro recién comprado antes de abrirlo. Delante, detrás. Dos chicas hablan de como se debe tomar la comunión, con las dos manos o con una. Lavapiés es un barrio con muchas tiendas de ropa regentadas por chinos, económicas. Puedes encontrar cosas interesantes. Yo encontré una cazadora de esas que sólo quieres ir con ella. La nubes grises pueden acechar lluvia y no hace tanto calor. A veces hace hasta frío. Hay un restaurante que se llama La Soberbia, curioso nombre. Más tarde, en el museo no hay colas. Hay estatuas, cuadros, curiosos cuadros de Miró, blancos inmaculados grandes con puntos o líneas negros. Dalí arrebata con su perfección en tan poco espacio. Un edificio rojo adosado al museo destaca por su voladizo inmenso, metálico. Farmacias de entrada estrecha, como un pasillo abiertas para las urgencias imprevistas. El rastro sigue siendo el paraíso de los coleccionistas de cromos, objetos curiosos, tebeos, libros de segunda mano, cajitas, muebles, antigüedades, ropa, relojes, bares atestados de gente al mediodía. Sentados al lado de una entrada estrecha de un parque de bomberos esperamos el final del viaje. Una llamada. Otra vez el metro. Otra vez el hotel. El tren. El sueño y el viaje nos devuelven a nuestro lugar de origen. Otra vez el maldito mundo de todos los días.