domingo, 18 de noviembre de 2012

A Beyoncé

Usted, Beyoncé, de sonoro nombre, está como un tren de alta velocidad, pero no descarrila y no tiene socavones sin asfaltar, tiene curvas, sí, pero no tiene vías muertas. Tiene focos pero no tiene atmósferas de despedidas de ventanillas de tren. No tiene arrugas pero tampoco bellas ojeras moradas de insomnio. Su armadura de metal ni me atrae ni me repele pero no me arranca ningún post, tan tirana. Tiene jaguars y followers pero no tiene abismos ni vacíos. Si usted presumiese de lo que careciese, presumiría de otoños y fríos. Y como no tropieza y a fin de mes siempre llega el principio del siguiente, su nombre no rima con lascivia. Y no está tan delgada como una idea, nadie pisa sus encajes. No hace ascos a las brújulas que le llevan al norte de los sucesos, no vira el rumbo ni navega contracorriente, no tiene ríos, sólo mares del sur de la abundancia. En su constelación es usted luminosa y radiante pero no tiene insondables agujeros negros. Y por tanto puede dar luz pero no atrapar, su física es determinista y mecánica. Y aunque en su mundo relativista el tiempo no transcurre, qué albricias para los metódicos, no tiene dudas ni miedos, no es frágil, no tiene soliloquios.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La ofensiva del Tet

La noche del día 30 de enero de 1968 soldados del Vietcong atacaron Saigón y yo les ofrecí té Rooibos en bolsitas. Los vietnamitas preferían té Ceilán, té Darjeeling me dijo uno de Singapur, por favor, té con canela o Assam, con limón y una nube de leche. El té  rojo sudafricano Rooibos con sabor a ciruela les excita sobremanera a pesar que no tiene cafeína ni teína. En el breakfast tomaban tostadas y a las cinco tomábamos te verde con menta y Earl grey con algunas gotas de licor de arroz. Un soldado me preguntó porque ya no se hacían esas teteras de cristal con émbolo en un recipiente filtrante aptas para microondas. Porque entonces el mundo sería demasiado perfecto, le contesté. Y lo bien que quedaría la tetera malva junto a la jarrita de leche en el mueble ocre para hacer una fotografía still life (naturaleza muerta) que tan bien acompaña a esta ofensiva del Vietcong. Evidentemente les gustaban mis pósters de Brigitte Bardot y no sulfuraban mercadotecnia capitalista. Finalmente estallaron las bengalas y salieron a la calle los dragones. Yo desde entonces hago caso omiso a las luciérnagas.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Carta a Milena Jesenská

A/A Milena Jesenská
Judenplatz, 39
Viena

Remite: Franz Kafka
Zlata Ulicka, 22
Praga

Querida señora Milena:

Ya no tengo tisis ni toses, ahora voy al gimnasio y frecuento los salones de la alta sociedad vestido con frac. Bebo champán francés y he dejado de escribir cosas raras que nadie entiende. Que experimente otro, digo yo. Tenía usted que verme como he echado músculo. Ahora soy un todo un gourmet de la alta cocina y paladeo los mejores vinos. También he decidido trepar lo mío y ahora soy el jefazo de la compañía de seguros, paseándome orondo entre mis subalternos. Me he enterado de que por ahí andan liándola parda con el surrealismo que antes me hubiera hecho tilín pero que ahora considero mamarrachadas de hombres tristes. Y sabe, señora Milena, hay que bastante perverso para escribir si uno es feliz. A partir de ahora iré los domingos a pasear por el lago y visitaré los cafés y fumaré puros de calidad en tertulias de hombres vestidos con chaleco y reloj de cadena. Duermo como un bebé y como como un gañán. Asisto a funciones de teatro y voy a la ópera. Me la trae al fresco la política en el club del casino pero doy mi opinión a favor de  la mayoría biempensante. Y sí, tiene permiso para traducir mis abstrusas obras al checo, que no obstante he mandado echar al fuego, para avivar así la llama del calor del hogar.

                                                                                              Suyo, F.

martes, 13 de noviembre de 2012

Sesión continua

Pasa de carteleras pixeladas y hazte un Jack Lemmon por que sí. Ten tu propia fábrica de moda al borde de la quiebra en Salvad al tigre (John G. Advisen, 1973), planea quemar tu propio almacén para cobrar el seguro y derrúmbate en plena presentación de tu nueva colección. Avaros prestamistas judíos acudirán como buitres. Date un paseo con los chicos de Drugstore Cowboy (Gus Van Sant, 1989), asalta todas las farmacias y no pongas nunca el sombrero encima de la cama porque trae mala suerte. Vuelve a Jack Lemmon (siempre Jack Lemmon) y bebe hasta perder la razón con Lee Reemick en Días de vino y rosas (Black Edwards, 1962). Lee pegará fuego al apartamento y tú perderás el trabajo. Vete a New Orleans a jugar al póker con Edward G. Robinson en El Rey del Juego (The Cincinnaty kid, Norman Jewison, 1965) y cae en las garras de Ann Margret. El bueno de Karl Marlden repartirá las cartas. Y ya que estás en New Orleans aprovecha para averiguar que fue de Johnny Favourite en El corazón del ángel (Alan Parker, 1987) en tus horas bajas como detective. Tendrás que ir a New York para que Robert de Niro te dé las instrucciones precisas mientras se come un huevo cocido con sal. Y te puedes quedar en New York conduciendo un sucio taxi en Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) e invita a salir a Cybill Shepherd que dirá que sí aunque en principio piense que eres una persona extravagante, dirá que sí y aceptará salir contigo y le regalarás ese disco de Kris Kristofferson que tanto le gusta, mágica Cybill, le gustará desayunar contigo. Con gafas y sin ellas y con ese vestido tan blanco. Pero no la fastidies y llévala a ver una película bonita.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Adictos a la lujuria.

Ayer llevé a las viejas cacatúas en el autobús y el demonio era la niñata de la blusa blanca rubia que se metió en mi habitación la noche anterior. Juro que no bebí más de cuatro tragos pero la cacatúa puso a cantar a las demás en el autobús y claro tuve que llevarlas hacia la taberna donde me espera el otro demonio de mujer que me arrastra hacia el fondo y me afeita la barba de cuatro días y observa mi crucifijo colgado del cuello. Claro que tuve robar el delco del autobús porque de no haberlo hecho se hubieran ido todos al infierno siguiendo la ruta estipulada y porque maldita sea tenía que haber teléfono en la taberna para que la cacatúa llamase al obispo y me denunciase por estupro y por llevarlas a todas demonio de niñata incluida a tabernas con demonios de mujeres que me arrastran hacia el fondo. Y hoy volveré al autobús recién afeitado y no miraré al demonio de niñata y sonreiré a todas las cacatúas y no robaré el delco. Iremos por la ruta estipulada para que ninguna cacatúa y menos la niñata se ponga mala de disentería. Cantaré con todas ellas y olvidaré al demonio de mujer de la taberna. Pero huiré con la niñata y ella me dirá que quiere llamar a su madre y yo le diré que no puede ser porque su madre ha muerto. El policía disfrazado ya estaba tras mis pasos ya estaba haciéndose pasar por psicólogo o invitándome a desayunar al día siguiente y la niñata que decía que iba a clases de interpretación a saber donde iba, a saber donde iba. Y el policía no encendía la luz porque quería ahorrar y no encontramos la cama supletoria. Y la niñata me despertó diciendo que había un incendio en el hotel y riéndose a carcajadas, demonio de mujer.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Mensaje en clave interceptado por la 164ª División Ligera Afrika.

El alma con abalorios cien por cien especial ha erigido entre bambalinas una gestión sólida con una impronta como un gran estandarte. Las nubes son gatos disfrazados de pánico haciendo ruido al chocar. Voy a viajar a Beijing con mi personalidad arrasadora mientras en las ciudades llueven hidrógenos que dicen OH. La calle me está grande y escucho edificios en el Teatro. Humano como el espacio crezco de sed y vasos de agua llenan Londres encabezando el río. El invierno ha empezado justo al principio del verano con girasoles en los dedos o botes de luz. Un siglo sin la forma de lo que lo caracteriza hace que este grande llegue. El opio llegará tarde a los bellos ocios llenos de sol en Europa Central a las 14:10.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Acto III.

Si hay que quemar las naves, mejor hacerlo deprisa y aprovechar la combustión para escribir mensajes con señales de humo. Y aspirar el humo como el que aspira el aire de los tubos de oxígeno, en lo más profundo, donde sólo te escuchan los peces. Donde está el hombre de los zapatos de hormigón que estrenó aquel día que se dio un chapuzón desde el puente a medianoche acompañado de unos amigos que le ayudaron a ser un hombre feliz. Montarse en cada tren, seducir a la lectora de novelas con gorro, darle fuego para que queme las naves lo más deprisa posible y aspire el humo lentamente y exhalándolo como el que exhala el aliento en forma de vapor en un día frío de invierno meciéndose por el traqueteo de un tren. Las vías de la seducción te llevarán hacia un largo tunel del que saldrás con un cadáver en el compartimento diecisiete. La cena será francamente mala y las ventanillas se empañarán. En la radio del taxi sonarán melodías de orquesta de jazz y el taxista llevará gorra de plato. Y una vez más en el callejón habrá una pelea de gallos detrás del tugurio donde ponen vasos pequeños de bourbon y alguien soplara una armónica en el callejón del limpiabotas.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La forma correcta de escribir el destinatario en un sobre.

Hay que elegir primero el bolígrafo, rotulador o la pluma. Luego hay que leer una meditación de Kafka y hacer como que lloras, beber ginebra y lavarte los dientes. Elegir el color del bolígrafo, rotulador o pluma, lo cual eleva exponencialmente las opciones. Mirar el sobre apaisado durante unos minutos perfectamente alineado con el borde de la mesa e imaginar el desierto de la viñeta de un tebeo, el blanco y perfecto papel del sobre, hacer como que fumas, mirar por la ventana. Comprobar que el bolígrafo, rotulador o pluma escribe sin tachones ni manchas en un papel inservible, comprobarlo otra vez y una vez más para no hacer borrones o quedarse sin tinta. Cambiar la elección por un bolígrafo o rotulador nuevos o una pluma con el cartucho recién cambiado y comenzar de nuevo el proceso. Poner por fin el nombre del destinatario lentamente, con perfecta caligrafía, conteniendo la respiración. Escribir la calle y el número, el piso y la puerta, la ciudad y el código postal. Esperar varios minutos con el sobre perfectamente alineado con el borde de la mesa escuchando una canción cantada por Marlene Dietrich.

miércoles, 4 de abril de 2012

MENÚ DE SEMANA SANTA

Para desayunar, flatoril con chocolate con churros y una manchada. De aperitivo, otro flatoril con un lansoprazol, cerveza, tapas de tortilla de patatas, ensaladilla rusa, montadito de lomo, empanada, vino tinto y vino dulce. Y ya casi ni comes pero si lo haces, trigo con morcilla y de postre un pankreoflat y papaviejos con varias onzas de chocolate. A la tarde un té rojo con anís y omeoprazol. Por la noche más cervezas y más tapas, chipirones, aguja a la plancha, hamburguesa, pulpo y cherigans, muchos cherigans, de atún, de roquefort, de jamón serrano, más vinos y por la noche whisky con coca cola y ginebra con tónica. Antes de dormir, un pantoprazol.

sábado, 10 de marzo de 2012

Pero en realidad quiero ser Robert Shaw

Quiero ser Robert Shaw. Quiero arañar una pizarra cuando haya mucha gente discutiendo en voz alta y quiero decir no es como ir a la laguna y pescar cangrejos. Quiero enseñar mi cicatriz y contar que me hice quitar un tatuaje que ponía Indianápolis. Quiero beberme una lata de cerveza de un sorbo y estrujarla con una sola mano. Y cantar ya me marcho de aquí, bella dama española. Quiero ser el secuestrador de un vagón de metro y disparar a un rehén por la espalda mientras camina por la vía. Quiero decirle a Walter Matthau con mi perversa sonrisa, denegado, faltan 28 minutos. Y antes de secuestrar el vagón de Pelham 1,2,3, haber sido un oficial militar mercenario en África al frente de un batallón. Quiero dar esas órdenes precisas, exactas, frías, cortantes. Quiero ser el Oberst de una división Panzer en los momentos más bajos de la Whermacht, y dirigir una batalla desesperada en medio de los bosques de las Ardenas. Y decir que el frente ruso no contribuye precisamente a engordar a la gente. Y reprender a mi chófer diciéndole que se comporte como un verdadero soldado. Quiero llevar un terno elegante y que Paul Newman me deje sin blanca jugando al póker en un tren. Ser un gánster estafado y usar bigote.

domingo, 5 de febrero de 2012

En realidad soy Kevin Costner

Sí, es cierto. Pensé que nadie lo iba a notar nunca porque a ver qué hace Kevin Costner viviendo en Almería y escribiendo en un blog en español pero así son las cosas. Queridos admiradores (de Kevin Costner, o sea, míos), Hollywood no es lo que dicen ni lo que parece. No es Babilonia, ni siquiera Hollywood, Babilonia. Ni siquiera he estado jamás en Hollywood, Babilonia, yo, Kevin Costner, porque soy de LinWood, California, lo podéis comprobar en Wikipedia, aunque si lo hacéis dudaréis entre LinWood, California o LinWood, Illinois. Yo también dudo bastante, no sobre eso, evidentemente, sino sobre muchas otras cosas. Mi vida es una completa duda existencial, no es fácil ser guapo, rico, famoso y buen actor como lo soy yo, todo eso y más. Otra cosa diferente es vivir permanentemente en Hollywood o en Babilonia, sitio y estilo de vida que conozco sólo de oídas. Mujeres, alcohol, fiestas, drogas, ropa cara, coches de lujo, alfombras rojas, alfombras en el salón del apartamento, manos manchadas de cemento en el Paseo de la Fama, yo pasé de mancharme las manos, que me pusieran una estrella, dije. Y volví a mis meditaciones solitarias. Si veis la que dicen que es mi obra maestra, Bailando con Lobos, lo entenderéis todo, si la veis de nuevo, quiero decir. Así me siento, como en la mayor parte de la (larga) película, solo en medio de la (extensa) pradera. Y por eso me he venido aquí, a Almería, lo más cerca posible de vivir en una permanente película del Oeste existencial. Vine atraído por todo lo que supe que se rodó aquí y pensé que el Oeste,-los almerienses le llaman el desierto- realmente está aquí y no en ninguna parte de Estados Unidos. Aquí están los verdaderos vaqueros solitarios, tan sólos como yo. Y después de ver, buscar y meditar, acabé viviendo en una casa en la ciudad (de Almería) porque ya quería olvidar el Oeste, el desierto, el cine, la fama -y el Paseo de la Fama con sus huellas de manos sobre el cemento, que yo me negué a ensuciar- y sobre todo Hollywood donde nunca estuve, y Babilonia donde estuve menos aún. Y fui a la playa como un bañista más. Y nadie me reconocía, nadie me pedía autógrafos, y fui feliz, algunas veces me decían: me suena tu cara, pero yo decía que pues no sé de qué puede ser. Pero yo sabía que eso no podía durar mucho. Después de todo el Oeste existencial está en todas partes. Estoy pensando en irme otra vez lejos, muy lejos, muy lejos de mí mismo. Donde ni siquiera yo pueda ya reconocerme.

viernes, 3 de febrero de 2012

Tomo nota

Algunas veces pienso algo que quiero anotar pero siempre ocurre cuando no llevo encima la maldita libretita de notas y si la llevo no me apetece nada anotarlo. Tengo un montón de esas libretitas, poco moleskines, que compré pensando lo necesarias que serían para esos momentos pero que una vez compradas ya nunca caigo en la cuenta de que hay que llevarlas. Podría hacer las anotaciones en el móvil que creo que tiene alguna aplicación para tomar notas, inventada para que sea lo más difícil posible encontrarla y aún peor hacer la anotación, aun con teclado alfanumérico. Ya sólo me queda pues el recurso de la servilleta de papel y el bolígrafo prestado, recurso que a veces uso y que luego tiro conscientemente a la papelera (justo después de hacer la anotación). Al fin me llevo la maldita libretita y anoto las ideas sobre las que me gustaría hacer un artículo para el periódico, los libros que me gustaría leer, la música que me gustaría escuchar, las películas que me gustaría ver y ya puestos la idea que se me había ocurrido para una entrada para el blog que me gustaría escribir. Y finalmente ni escribo esos artículos, ni leo esos libros, ni veo esas películas, ni escucho esa música ni por supuesto escribo la maldita idea que se me ocurrió para la entrada del blog pero eso sí, anotadas están.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Cutrebar de toda la vida

El almeriense capitalino -qué horror de palabra- es un ser ávido de bares con tapas monumentales. Busca con fruición aquel bar que llame tapa a un plato combinado y ración a esas cosas que nadie va a pedir. Lejos de las rutas gastronómicas de alcurnia están los bares de barrio e incluso los bares de pueblo, de pueblos sin barrios, de pueblos de toda la vida. Bares sin periódico en pueblos sin barrios. Bares con solería pero sin solera, sin fotos de famosos que hayan pasado por allí, porque no han pasado. Y los entendidos, tampoco. Hay un ambiente de moscas sin moscas, de azulejos baratos, de guías de teléfono con páginas amarillas y amarillentas, de teléfonos de monedas. Es posible que esté la fotografía en blanco y negro y el almanaque. En Almería un bar donde no te pregunten qué quieres de tapilla no es un bar, es una funeraria, es una ventanilla para comprar timbres de una peseta a funcionarios tristes. No son bares para hacer libros ni echar fotografías, ni para conocer al dueño. Donde no hay caché que valga. Es una pena que tengan que decir la cuenta en euros y no en pesetas de toda la vida, a ver qué tienen ellos de euro, ni siquiera las moscas son europeas, son moscas imaginarias, mediterráneas, levantinas. Un europeo que se precie prohibiría las tapas monumentales y las llamaría platos combinados o, peor raciones, ésas que un almeriense sabe que nunca se piden.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Necesitamos otro Einstein.


En 1887, Michelson y Morley llevaron a cabo probablemente el experimento más importante de toda la física. Y simplemente lo único que hicieron fue medir con precisión la velocidad de la luz. Esto, que parece muy sencillo, no lo es tanto si queremos que el movimiento terrestre no influya en nuestras mediciones. Imaginemos que queremos cronometrar cuánto tarda una persona en dar una vuelta a un estadio de atletismo. Todos estaremos de acuerdo en que algo clave para cronometarlo bien es que nosotros no nos movamos del punto donde le damos a empezar al cronómetro ya que si nos movemos en sentido contrario al corredor falseamos el tiempo a su favor y si nos movemos en el mismo sentido lo falseamos en su contra. Pues lo mismo le debería pasar a la luz ya que el elemento donde se sitúa el instrumento de medida, en este caso la Tierra, está en movimiento bien a favor o en contra de ella, falseando los datos. Michelson y Morley dieron con la forma de medir la velocidad teniendo en cuenta el movimiento terrestre. Sin embargo, el resultado de las mediciones fue que, se tuviese en cuenta el movimiento de la Tierra o no, la velocidad de la luz era la misma, lo cual, evidentemente, dejó perplejos a todos los físicos, empezando por ellos mismos. El experimento se repitió muchas veces intentado encontrar dónde estaba el error, pero no lo había. Fue necesario que llegara Einstein y en 1905 explicara este fenómeno. La velocidad de la luz (en el vacío) no depende del movimiento del observador, y es por tanto una magnitud absoluta. Para que esto fuese posible, el tiempo debería ser relativo. Nacía así la Teoría Especial de la Relatividad que, por cierto, no dice que todo sea relativo sino todo lo contrario, que hay algo que no es relativo: la velocidad de la luz en el vacío. Al principio nadie le hizo caso ya que la teoría de moda era la existencia de un éter misterioso que influía en todas las mediciones. Precisamente Michelson y Morley buscaban constatar la presencia de dicho éter. Con bastante reticencia por parte de la comunidad científica, la idea, estrafalaria por entonces, de que la percepción, y, por tanto, la medición del tiempo dependían de la velocidad del observador, tuvo que ser aceptada dando a torcer un brazo que llevaba en alza más de 200 años. La teoría del movimiento de Newton, vigente desde la publicación del libro Philosophiæ naturalis principia mathematica en 1687, establecía como condición necesaria la existencia de un tiempo absoluto desde el cual Newton ponía los cimientos de la física tal y como la entendemos ahora. Nadie osó contradecirle, aunque estaba implícito en dicha teoría que algo faltaba, para lo cual se echó mano del famoso éter. Pero no lo hubo. Al final, las ecuaciones del movimiento de Newton sólo eran válidas a velocidades pequeñas donde los efectos relativistas son despreciables. Una consecuencia de la Teoría Especial de la Relatividad es que la velocidad de la luz nunca podía ser superada ya que sólo hay dos opciones, que la masa del cuerpo sea cero, condición que sólo cumplen los fotones, -los componentes de la luz, que tienen energía pero no masa-, o que la energía del cuerpo sea infinita, lo cual no es físicamente posible. Los neutrinos son partículas subatómicas, más pequeñas que el átomo, que están cerca de cumplir la condición de masa cero. Y éstos, al menos según un reciente experimento, han superado la velocidad de los fotones, o sea, la velocidad de la luz. Se realizarán muchas repeticiones y comprobaciones del mismo. Si se encuentra el error la Teoría Especial de la Relatividad de Einstein seguirá siendo válida para cualquier caso. Si no será un experimento tan o más importante que el de Michelson y Morley y cambiará la forma de ver (y estudiar) la física de los últimos 100 años. Necesitaremos, pues, otro Einstein para explicar el fenómeno.